COMENTARIO A TIEMPO | Gonzalo Martré a sus 93 años, entrados a 94. Un hombre bueno (y II)

Por Teodoro Rentería Arróyave

Martes 26 de abril de 2022

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, DOLORES HIDALGO, GUANAJUATO. El periodista, escritor y dentro de esas disciplinas, la novela, Gonzalo Martré a los 93 años, entrados a 94, demuestra su clara inteligencia, su aguda memoria y la ironía y la sátira le salen por encanto, es en verdad delicioso paladear, disfrutar sus libros y su charla amena por culta.

Se vinieron los recuerdos. En la Preparatoria vespertina José M. Calvo, repito, nos conocimos el maestro de química y el alumno, cuando intentábamos otro bachillerato, Tú tenías escasos 19 años y yo 28, te llevo 9, nos dice Martré.

En ese plantel me percaté de la injusta paga a los maestros, de su explotación y referí en la charla, que la hora de clase la sufragaban con 15 pesos; aclaró el maestro que desde entonces ya contaba con título de ingeniero químico, 5 pesos la hora, Teodoro.

No era posible qué el incipiente reportero de policía ganara más que los maestros; en algunas ocasiones mi jefe de información el drástico “jefe Contreras”, de quien aprendí tanto, me envió a cubrir las fuentes universitarias, lo que me permitió ganarme, no diré que la amistad, pero sí la amabilidad del ilustre doctor Nabor Carrillo Flores, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Esas injusticias a los mentores han sido y son los detonantes de sus movimientos como también de otros trabajadores y obreros como los ferrocarrileros, electricistas, telegrafistas y demás explotados, que bien detalla Gonzalo Martré, sobre todo en el Tercer Tomo de su picaresca trilogía novelística, “El Champalla era un Gandalla”.

Sigamos con el relato, después de unos apuntes y cálculos contables; en las mesas del billar, en las tortas “El Novillero”, ambos lugares de imprescindibles encuentros, exacto frente de la Prepa de la Avenida Cuauhtémoc, o en las mismas aulas, propuse a un grupo de maestros que creáramos nuestra propia Preparatoria, yo me comprometía a conseguir la incorporación a la UNAM.

Sólo entusiasme a cuatro, hable con el Señor Rector, y me contestó qué si cumplíamos con todos los requisitos, sobre todo en cuanto a la plantilla de profesores, y el equipamiento de los salones de Química, Física, Biología y Dibujo y buen local, no tenían por que negarnos la incorporación.

Gracias a mi primo el maestro normalista, Jesús Sotelo Inclán, el autor de la mejor biografía de “El Caudillo del Sur”, Emiliano Zapata, “Raíz y Razón de Zapata”, me puso en contacto con el dueño y director de una escuela Normal matutina para Señoritas que funcionaba en Seminario número 8, en el costado oriente de la Catedral Metropolitana, a quien le urgía instalar esos salones especiales de clase. Le propuse hacerlo y nos alquiló para que nosotros a nuestra vez, abriéramos la escuela “Preparatoria Nocturna Maestro José Vasconcelos”

Todo estaba listo para la incorporación, sólo nos faltaba cumplir con un requisito, el director de la Preparatoria tenía que ser un profesional titulado y con la cédula correspondiente, ¿a quién recurrir? No lo pensé mucho, nuestro personaje fue el maestro de química Mario Trejo González, le traté el asunto y aceptó y la “Prepa Vasconcelos” se abrió y dio cobijo a no pocos jóvenes que ahí hicieron su bachillerato, uno muy distinguido, Rafael Castilleja Ramírez, expresidente del Club Primera Plana, jefe de redacción y subdirector del desaparecido y prestigiado diario “El Nacional”. La UNAM me habilitó como maestro de la materia de Periodismo dentro de la asignatura de Actividades Estéticas. En el aspecto teórico, lo aprendido en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, mi alma mater, además de las experiencias en la reporteada, aún incipiente.   

Aquí dejo constancia, como lo he hecho en otras oportunidades, como en mi “Libro “Mi Vida Son Mis Amigos”, una historia de los noticiarios en México”, que Gonzalo Martré no cobró un solo centavo. Cuando la prepa se consolide hablaremos, dijo, para salir de la insistencia. Eso ya no lo vimos, la Prepa cerró; a Gonzalo y al autor nos jalaron nuestros destinos por otros rumbos, al maestro de mi juventud, el periodismo y las letras, a este tecleador el periodismo, que es también mi vida, ahora como colegas, le sigo agradeciendo su bonhomía, su bondad y su honradez.

Déjenme decirles que con ese tercer tomo de la Novela El Chanfalla era un Gandalla”, identifique plenamente a todos los personajes que retrata en sus exactas dimensiones de honrados y románticos luchadores sociales y de execrables agentes policiacos, jefes y disque procuradores de justicia y otros funcionarios de la misma ralea, los conocí y los traté en forma directa cuando reportero de policía y otras fuentes.

Sólo a uno de ellos no lo ubico, el personaje protagonista de la historia, “el Chanfalla”, pero puedo asegurar, de acuerdo con la descripción del autor, Gonzalo Martré, que reúne todos los perfiles de los agentes policíacos gandallas del Servicio Secreto y otras corporaciones, que por desgracia se siguen dando casi por generación espontánea,

El periodista y escritor Gonzalo Martré o el maestro, ingeniero químico, Mario Trejo González es un hombre bueno, con un don de gentes inigualable. Salud, maestro y colega, muy pronto festejaremos tus noventa y cuatro abriles, qué inviernos ni qué demonios y muchos más. Salud. ©

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